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Pepo: En la cima de su propio mundo

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Publicado: 20 / 02 /2017

Pepo: En la cima de su propio mundo

La vida te quita y te da. Y, en esta historia, ese toma y daca fue a raudales. Hoy la sensación es que ni una legión de mil gatos negros podría mufar la suerte de Rubén Darío “Pepo” Castiñeiras. Salvo por la profunda tristeza que le causó la muerte de su padre, todo le salió redondo desde que abandonó el Penal de Ezeiza tras seis años de condena por tentativa de robo calificado. Racing salió campeón; editó dos discos (Libre, 2015 y Cumbia Peposa, 2016); se enamoró de “La Pepa” y se casaron; giró con La Superbanda Gedienta desde México hasta Tierra del Fuego; su música explotó; almorzó con Mirtha y pasó por el living de Susana; y su historia se volvió película: Pepo, la última oportunidad (ver recuadro, «Una vida de película»), con estreno en el Festival de Cine de Mar del Plata y a la espera de llegar a los cines de todo el país. ¿Habrá imaginado un futuro así en sus noches de oscura soledad ? ¿Habrá caído en todo lo que le pasó? ¿Tendrá palabras para explicar su propio fenómeno?

Sentado en el banco de suplentes del Cilindro de Avellaneda, listo para salir a la cancha con la camiseta de sus amores, Pepo responde: “Hoy soy consciente de que algo pasa. No sé si la palabra es caer, pero sí sé que estamos bien. Lo primero que debe mirar la gente es la sinceridad y la transparencia con la cual uno cuenta lo que vivió. Yo no te quiero vender nada. Cuento todo lo que me preguntan y estoy orgulloso de cómo estoy ahora, de verme así acompañado por mi mujer y mi familia, son las cosas que me hacen saber que hicimos las cosas bien”.

-Cada uno tiene una misión, un motivo para decir. Vos contás una historia con tus canciones y con tu propia vida. ¿Cuál es la moraleja?

-Transmitir que se puede. Podés divertirte y hacer canciones llevando una vida desordenada, pero si la cosa está en orden se disfruta más. Una vez que empecé a encuadrarme, empecé a creer en mí, a tenerme mucha fe. En el peor momento pensaba que nunca más iba a volver a hacer música, ni zafar de la droga, ni alejarme de esa vida. La cárcel es el lugar más piedra que hay. Cero sentimiento, muy frío todo. Es escuchar a los pibes llamando al médico porque se están muriendo y vos golpeás y golpeás las puertas y no te dan pelota. Te querés matar.

-¿Cómo funciona la cabeza de un pibe presionero de la pasta base?

-Como un caballo que tiene los ojos vendados y no ve. En eso se transforma tu vida: un túnel oscuro que te lleva a la muerte, con la que convivís todos los días. Te puede llegar, podés zafar, caer en cana o al hospital, pero vas pateando con la parca al lado. Me da miedo recordar ciertas secuencias. Pude haber terminado mal yendo a buscar droga en cualquier horario en lugares desconocidos. Ahí no pensás en las consecuencias, sólo en conseguirla.

-¿Cuál fue la clave para liberarte, en medio de tanta oscuridad?

-La cumbia. Cuando me empezaron a dejar hacer música en el Penal. Para mí, laburar es salud. Hay que meterle onda y esperanza para cumplir tus sueños. Todo llega. Lo más importante es confiar en uno mismo, y yo tenía cero confianza en mí. Hoy por hoy, soy la persona que más cree en mí. Las sustancias generan una inseguridad terrible sobre uno. Sentís que vos sin eso no sos nadie y la necesitás para ser. Imaginate la poca confianza que te tenés. Necesitás hacerte pelota para ser alguien.

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